Problemas y alternativas a los migrantes frente a la crisis mundial
Fecha Monday, 09 February a las 19:23:33
Tema Opinión


* El autor de este texto es diputado federal migrante.
* Las comunidades mexicana y latina se encuentran sin timón.
* Es prematuro argumentar que los programas de Obama serán exitosos.
* Para los migrantes, la actual crisis es una pesadilla.

José Jacques Medina / Carta Mesoamericana
Ciudad de México


A la fecha, algunos reportes de agencias gubernamentales y entidades de investigación estratégica (think tanks) ya están advirtiendo que Estados Unidos está inmerso en un proceso acelerado de descomposición tan severo que, para 2010 o 2012, el país se verá atrapado en una guerra civil, o, mínimamente, en violentos conflictos civiles. 

Si a lo anterior le agregamos los rumores y especulaciones que divulgan algunos grupos de Estados Unidos, que perciben a México como un “Estado fallido” en proceso de implosión por la crisis que se agrava frente a nuestros ojos, encontramos predicciones catastróficas acerca de los dos países que pueden parecer alarmistas pero que deben ser tomadas en cuenta pues auguran amenazadoras y extremadamente serias ramificaciones internas y externas, especialmente para la población mexicana en ambos lados de la frontera. 

En suma, para cualquier intención o propósito debemos reconocer que, a causa de la crisis derivada de las contradicciones del capital financiero globalizado, los Estados Unidos, México, Latinoamérica y gran parte del resto del mundo, se dirigen hacia una depresión global de graves consecuencias para todos.

Para nuestras comunidades migrantes en Estados Unidos, la crisis es ya una pesadilla que irremediablemente va a empeorar alimentada por factores tales como el incremento esperado de redadas migratorias; la ampliación de la militarización de la Cortina de Nopal; las presiones de los grupos antimigrantes para empujar una reforma migratoria orientada a la contención y a la “Seguridad en la Frontera”; y una nueve administración que, hasta el momento, ha mostrado ambivalencia en cuanto a los tiempos en los cuales enfrentará la reforma migratoria. 

Nuestros migrantes ya están sintiendo los álgidos efectos de la crisis con indicadores tangibles de pobreza y el desempleo crecientes, disminución de las remesas a México, constantes redadas de migración y deportaciones, crímenes de odio racial, discriminación racial (racial profiling), un resurgimiento del sentimiento “nativista”, el constante insulto a los migrantes y el convertirlos en chivos expiatorios de los males del mundo. 

Un peligro real para nosotros los mexicanos es, que si la economía empeora, lo cual sin duda sucederá, las fuerzas “nativistas” de derecha presionarán a la administración de Obama a que inicie las deportaciones y  repatriaciones masivas.

Hay que recordar que históricamente esto ya sucedió en 1930, y fue precisamente bajo los auspicios de la administración supuestamente liberal en extremo de FDR.  Tiempo después se repite, a mitad de la década de 1950 con la operación “Espaldas Mojadas”.  

Los migrantes de hoy viven en un clima de terror, acosados por múltiples problemas sociales, marginalización y desesperanza.  La situación de crisis de los migrantes mexicanos en Estados Unidos se exacerba porque, en estos momentos, las comunidades mexicana y latinas se encuentran notoriamente sin timón y no tienen la necesaria organización, liderazgo, planes estratégicos, ni recursos para confrontar los amenazadores problemas que inevitablemente se les presentarán en las próximas semanas y meses.

 Mas aún, a causa de la naturaleza global de las crisis que permean la economía capitalista, sería políticamente prematuro argumentar que la Administración de Obama tendrá éxito con sus programas estilo “New Deal” reformulado (New Deal Recharged), que sólo contempla estímulos económicos de corto plazo. 

Por esta razón, la prioridad toral en la agenda política que enfrenta la administración Obama en los meses venideros, es el tema económico. La reforma migratoria consecuentemente no será lo prioritaria. 

Esta crisis, sin duda que será muy dolorosa y potencialmente conflictiva, con índices de desempleo creciente, deflación, quiebras bancarias, desalojos masivos, recortes presupuestales en programas educativos y de servicios y una miríada de otros problemas sociales que incluirán incrementos dramáticos en los índices de criminalidad, violencia en las calles, y aumento de los conflictos interétnicos y raciales.

En razón de la gravedad de la crisis económico/financiera global, cuyo impacto es particularmente álgido en Estados Unidos y en México, es necesario reiterar que la circunstancia actual nos recomienda afinar nuestra atención y subrayar que en los meses venideros la severidad de la llamada “crisis” en aquel país, aumentará su grado de severidad aquí y allá. 

Por todo lo anterior y muchas otras razones que debemos continuar discutiendo, debemos elaborar un nuevo discurso que se adapte a las nuevas condiciones de crisis mundial y a la construcción de una nueva visión en las relaciones bilaterales con la presencia de Barack Obama y los compromisos que estableció en su campaña electoral que tienen un primer tiempo fatal de los cien primeros días de la administración de Obama, que serán indicativos de lo que transpirará durante el resto de su mandato.

Para el activismo progresista en Estados Unidos, las posibilidades de un cambio real en la política de su país están ligadas a una transformación del modelo económico neoliberal que ha imperado. No es tarea de una personalidad, o de liderazgos que no este profundamente ligados al movimiento social vigente.

Dicho de otra manera, no seria concebible que Obama se hubiera inspirado a lanzarse a la Presidencia si no hubieran existido las movilizaciones callejeras de las minorías étnicas en 2006 y 2007 que lograron derrotar la propuesta iniciativa Sensenbrenner aprobada por la cámara baja, movilizaciones que despertaron el adormilado movimiento social de las minorías en Estados Unidos, que fue soporte fundamental de los votos a favor de Obama en los estados clave para el “voto electoral” del sistema estadounidense, y que le dio el triunfo al nuevo presidente. 

No se puede concebir el triunfo de Barack Obama sin el vigoroso movimiento social que encabezaron las comunidades migrantes, particularmente las latino-mexicanas, que hoy exigen retribución.  

Cientos de organizaciones entregaron miles de cartas dirigidas a Obama en varias embajadas del mundo, y en las principales ciudades de Estados Unidos el pasado 21 de enero, primer día de su gobierno, para advertir que la cuenta regresiva se ha iniciado para que, en primera instancia, y vía la orden ejecutiva se establezca una moratoria en las redadas y deportaciones masivas y en la separación de familias en donde millones de niños son victimas de traumas permanentes e irreversibles.

El movimiento social existente y activo en Estados Unidos es, sin duda, el único apoyo que podrá hacer realidad los sueños de cambio propuestos por Obama, de lo contrario su administración se convertirá en más de lo mismo, buscando bajar soluciones de arriba hacia abajo, apoyándose en las minorías de los insaciables.

De aquí que, movilizar masivamente a la comunidad migrante y a sus aliados, el próximo primero de mayo de 2009 es la prioridad del movimiento social donde la comunidad latino-mexicana como fuerza productiva de riqueza y contribuyente, continuará jugando un papel principal.






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