Coincido con ambos analistas y añado que para nadie en California es un secreto que el desencanto de la comunidad latina con el Partido Republicano por sus pronunciamientos extremistas sobre el tema migratorio se precipitó en 1994, cuando el entonces gobernador republicano Pete Wilson optó por adherirse a la Proposición 187, que dentro de la comunidad fue considerada como un ataque frontal en su contra.
De entonces a la fecha, el desencuentro entre los latinos y el Partido Republicano ha ido en aumento. Considere, por ejemplo, que en 2002, el registro de votantes en el estado indicaba que el porcentaje de latinos afiliados a los republicanos era por el orden del 23 % y ahora anda por el 16 %, mientras que el porcentaje de afiliados al Partido Demócrata ha subido del 50 % al 56 %, y el de los independientes del 23 % al 24 %.
A estas cifras, tan desalentadoras para las aspiraciones republicanas en California, habría que añadirle que actualmente el registro estatal de votantes muestra que 44 % de los electores no latinos están afiliados al Partido Demócrata, 24 % son republicanos y 26 % independientes.
Un dato adicional para documentar el pesimismo de los republicanos californianos es que, según una nueva encuesta de la organización Field Poll, el republicano Arnold Schwarzenegger está terminando su mandato como el gobernador más impopular en la historia del estado.
El 71 % de los californianos, independientemente de su edad, afiliación política, raza, sexo, etnicidad o región dentro del estado, desaprueba su gestión y sólo un 23 % la aprueba.
En estas circunstancias lo que resulta incomprensible es por qué razón Whitman, la mujer de negocios que gastó 71 millones de dólares de su fortuna personal para ganar la candidatura republicana a gobernadora y Carly Fiorina, otra mujer que se gastó otra fortuna para obtener la candidatura republicana a la senaduría federal, decidieron demonizar a la comunidad latina en un momento en el que el tema migratorio no estaba en la mente de los votantes de California.
Desafortunadamente, no se puede decir lo mismo fuera de California, porque hoy en varias partes del país la comunidad latina vuelve a sentir el acoso de las fuerzas políticas más intolerantes.
En una encuesta realizada a finales de 2009, el Pew Research Center encontró que uno de cada cuatro estadounidenses cree que los hispanos son el grupo étnico/racial más discriminado. Hasta 2001, el consenso era que los afroamericanos eran el grupo más discriminado.
El mismo estudio del Pew encontró también que uno de cada diez hispanos dijeron haber sido detenidos por la Policía o por otras autoridades para inquirir sobre su condición migratoria. Y que 32 % de los latinos entrevistados dijeron que ellos o algún conocido de ellos había sido discriminado en los últimos cinco años en escuelas o en centros de trabajo debido a su apariencia física.
Que todo esto suceda antes de que entre en vigor una ley en Arizona que obliga a los policías a cuestionar a quienes sospechen que se encuentran ilegalmente en el país, me obliga a proponer que en noviembre el electorado latino de California aproveche la elección para dar una muestra contundente de su poder en las urnas votando contra los políticos oportunistas que la demonizan y siente un precedente.
Porque, como bien señala Ayón, el investigador de Loyola Marymount, "no es que el votante latino asuma la defensa del indocumentado. Lo que sucede es que las medidas que se toman contra los indocumentados afectan a los latinos de manera diferente a como afectan a los no latinos."