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Saltillo, Coahuila.- A raíz del asesinato de un grupo de migrantes en San Fernando, Tamaulipas, los centroamericanos han cambiado las rutas en el norte del país para pasar a Estados Unidos.

Han dejado de trasportarse en tren y ahora viajan en autobús desde la capital del país rumbo a Reynosa, dio a conocer el Instituto Nacional de Migración (INM).

El paso de migrantes no ha disminuido en ese estado sino que ha cambiado de rutas, pues las cantidades son las mismas, al menos en la Región Noreste, y lo que ahora ha variado es cómo hacen el recorrido, evitando los lugares y transportes que les son altamente peligrosos.

La situación cambió a raíz del asesinato de los 72 migrantes el 23 de agosto último, y aunque ya antes se habían reportado hechos violentos contra indocumentados en esos puntos sin que el INM reaccionara, estos continuaban usando esa ruta; sin embargo, ahora toman más precauciones.

Una de las rutas era viajar hasta Lechería, Estado de México, y de ahí por Veracruz hasta Tamaulipas, llegar a Laredo y cruzar a Estados Unidos, la mayoría de las veces por autobús, mientras otra era por tren desde la Ciudad de México hasta San Luis Potosí, llegar a Saltillo, trasbordar con rumbo a Monclova y llegar hasta Piedras Negras.

Evitan el tren, y también las rutas hasta la frontera por donde, ante la omisión del INM que ha evidenciado tener fuera de control la situación desde años atrás, los han violentado, secuestrado, extorsionado o asesinado en su viaje transmigratorio desde el sur, sin que su titular, Cecilia Guadalupe Romero Castillo -protegida desde la casa presidencial de Los Pinos- insinúe en lo más mínimo la posibilidad de su renuncia ante las reacciones internacionales por la masacre de San Fernando, creando una serio problema de confianza y credibilidad al gobierno mexicano, que no para en discursos y evadiendo sin recato la realidad vergonzosa que tiene enfrente. (Foto: Agencias)

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Dejen entrar a los haitianos
Enviado el Friday, 05 February a las 00:00:00
Tópico: Opinión
* La historia de Jean Montrevil esposado, encarcelado.
* Y estuvo a punto de ser enviado a Haití desde Estados Unidos.
* Era 6 de enero de 2010, apenas unos días antes del terremoto.


Amy Goodman / La Jornada / Carta Mesoamericana
Puerto Príncipe, Haití


De Haití, la nación más pobre del hemisferio occidental, Jean Montrevil llegó a Estados Unidos con un permiso de residencia en 1986 cuando tenía 17 años.

En 1990, cuando aún era adolescente, fue procesado por posesión de cocaína y enviado a prisión por once años. Tras ser liberado se casó con una ciudadana estadounidense y tiene cuatro hijos que también son ciudadanos estadounidenses; es dueño de una empresa, paga impuestos y es residente legal y permanente.

Además es un activista respetado de la comunidad haitiana de Nueva York. Pero debido a su procesamiento previo estaba en un programa de supervisión de inmigración que le exigía presentarse ante un funcionario de migración cada dos semanas.

El 30 de diciembre de 2009, durante su visita de supervisión habitual, fue detenido y se le dijo que sería deportado a Haití. Un hombre detenido que sería enviado a Haití junto a él tenía fiebre. La enfermedad del hombre impidió el vuelo, y luego sucedió el terremoto del 12 de enero de 2010.

El escalofriante número de muertes a raíz del terremoto en Haití continúa en aumento. La mayoría de los esfuerzos por rescatar personas de los escombros han finalizado.

Más de 150 mil personas fueron enterradas, algunas en tumbas improvisadas cerca de las ruinas de las casas donde murieron, pero muchas en tumbas sin marcar, fosas comunes en Titanyen, el lugar donde ocurrieron varias masacres durante dictaduras y golpes de Estado previos.

Más de un millón de personas están sin hogar, de una población total de nueve millones de habitantes en Haití. El hedor de los cuerpos en descomposición aún es penetrante en la capital del país, Puerto Príncipe, al igual que en las localidades periféricas, que a dos semanas del terremoto vieron llegar poca ayuda del exterior.

Fue doloroso ver la ayuda amontonada en el aeropuerto. Los haitianos la necesitan ahora.

Repasemos la escena en el aeropuerto, donde vi contenedores con miles de botellas de agua Aquafina.

-¿Hacia dónde llevan el agua?

- A la embajada de Estados Unidos.

– ¿A la embajada de Estados Unidos?

–Sí, señora.

–Mucha gente ha estado preguntando donde está el agua para el pueblo. Hay miles y miles de botellas.

–No sé.

Así es, el trabajador me dijo que llevaba el agua a la Embajada de Estados Unidos. Una de las principales fuentes de ingreso nacional en Haití es el flujo de remesas de la diáspora haitiana, cuyo efectivo, enviado mediante transferencias a familiares en Haití, equivale a un tercio del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Durante años, luego de haber sufrido cuatro grandes huracanes e inundaciones, la comunidad haitiana simplemente ha pedido ser tratada igual que los nicaragüenses, los hondureños y los salvadoreños en circunstancias similares, recibir el Status de Protección Temporal (TPS).

El TPS permite permanecer en Estados Unidos y trabajar legalmente en épocas de conflicto armado o desastre natural, y es parte muy importante de cualquier política humanitaria.

Finalmente, luego de la fuerte presión popular que hubo tras el terremoto, el gobierno de Estados Unidos extendió el beneficio del TPS a los haitianos.

Pero el TPS no es suficiente. Se debe permitir el ingreso de los haitianos a Estados Unidos de manera legal, compasiva e inmediata. Visité hospitales y clínicas en Puerto Príncipe, donde miles de personas esperaban asistencia y se realizaban amputaciones utilizando Ibuprofeno o Motrin como anestesia, en el mejor de los casos.

La anestesia escasea. Ira Kurzban, abogado de Miami que representó a Haití durante años, dice que Estados Unidos debe permitir el ingreso inmediato de quienes necesitan asistencia médica, que muy pocos heridos han sido llevados a Estados Unidos.

Además, dijo, Estados Unidos debería traer muchas más personas de Haití, entre ellas a quienes tienen solicitudes aprobadas por sus familiares. Se trata de alrededor de 70 mil personas.

Las solicitudes de estas personas han sido aprobadas, pero están en una lista de espera de varios años para mudarse a Estados Unidos. Kurzban comparó la voluntad y capacidad históricas de Estados Unidos de aceptar refugiados cubanos con lo que denomina una política de contención con Haití, que bloquea las costas a través de la Guardia Costera e impide que la gente salga de ese país hacia Estados Unidos.

Lo primero que vi cuando viajé a Puerto Príncipe días después del terremoto fueron los patrulleros de la Guardia Costera. No llevaban ayuda ni trasladaban personas. Impedían que los haitianos salieran de su país.

National Nurses United (NNU), el mayor sindicato de enfermeras y enfermeros de Estados Unidos, tiene 12 mil miembros registrados dispuestos a viajar a Haití para ayudar, pero dicen que no pueden obtener ayuda del gobierno de Obama.

Entonces llamaron al cineasta Michael Moore, quien me describió la situación de la siguiente manera: “Es patético si tienen que llamarme a mí. Me refiero a que son el sindicato de enfermeras más grande del país. ¿Ustedes son, tengo entendido, uno de los vicepresidentes de la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), de la directiva de AFL-CIO, y no pueden ingresar un pedido en la Casa Blanca para lograr que 12 mil enfermeros vayan allá?

NNU busca conseguir patrocinadores individuales a través de su sitio web.

Grupos de base y eclesiásticos de la ciudad de Nueva York exigieron la libertad de Jean Montrevil, y fue liberado. Ése es el tipo de solidaridad que millones de haitianos que sufren la mayor catástrofe de su historia necesitan ahora, tanto en Haití como en Estados Unidos.

 
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